Las tres mujeres que te enseñaran la cocina de toches & amigos. La cocina durante muchos
años fue algo que evadí por completo, pensar en la simple idea de tener que
ensuciarme las manos, esperar a que algo estuviera listo para poderlo degustar
o solamente pensar en que podía quemar las ollas o la cocina en general, era
algo que me atemorizaba, es más, al hablar de comida, todo se resumía a pedirle a mi mamá de manera amorosa o
medio lambisqueta (lambón) que me hiciera x ó y plato que me gustaba.
Para ahorrarme la lambonería
o el tener que hacer las cosas por mí misma, decidí, que era necesario
estudiar, después trabajar y todo lo tendría con solo una llamada, ¡DOMICILIO
por favor!!!! pero las cosas en ocasiones no son como las planeas, y en la
universidad, me vi en la penosa obligación de alzar el teléfono y no para pedir
a un restaurante, sino para llamar a mi mamá y solicitarle que me diera las
indicaciones para hacer el primer almuerzo de mi vida, pues tenía comida en la lacena, pero no plata
bolsillo y mi cocinera de turno se había ido (mi cocinera de turno, era Tere mi
amiga y compañera de la U, quien cocina delicioso y tiene cierto instinto
maternal para alimentar a los desvalidos como yo) de no haber alzado el
teléfono ese día para pedir ayuda, me hubiese quedado viendo un chispero.
Pero tras mi “living la vida
loca” aprendí algo, y fue hacer caldos para el guayabo y arroz por si las
moscas, así que no me fue tan mal al ser direccionada por mi mamá para hacer
mis primeras lentejas y poner un pedacito de carne en el sartén, definitivamente
el hambre nos lleva hacer cosas impensables, como aprender a cocinar (jajaja).
Ese día, tras el afán por
calmar el sonido que emitía mi estómago y retumbaba en mi cabeza, descubrí un
talento oculto, mi amor por la cocina,
me gusta comer y comer rico, así que tras mi primer logro culinario, que Gordon
Ramsay y para no ir tan lejos, ni que Jorge Raush, yo era la propia master chef
jajaja.
Mis primeras veces como
creativa, preparé venenos que solo mi novio de la época por no perder la
relación, me decía “amor estaba delicioso”, pero la verdad, ni yo misma me los
podía tragar, así que con la honestidad que me caracteriza le decía “No hable
paja, esto está fatal”.
Tras mis fallidos ensayos, donde
invité a varios amigos a comer, con la más firme creencia que la vaina había
cambiado, me di cuenta de dos cosas, la primera, es que la cocina une a las
personas y dos que si quería seguir siendo el centro de atención, debía aprender
a cocinar, así que intenté y seguí aspirando a ser una buena cocinera, hasta
que hoy en día, soy la dueña de un pequeño negocio local de comidas, eso sí, en
compañía de la mejor cocinera del mundo, mi mamá.
Esto me lleva a mencionar, que
mi mamá no es muy amante a la cocina, pero créanme algo y es que Dios nos manda
con talentos y el de ella es innato, además de preparar platos deliciosos, puede
descubrir el contenido de los platos que se ha comido en su vida.
Si te identificas con mi
historia y esta pandemia te ha enseñado la importancia de ser útil para
sobrevivir, independientemente de que seas hombre o mujer y quieres instruirte
en lo más básico de la cocina, te invito a que sigas nuestra historia y ensayes
con estas cucuteñas de racamandaca, que intentarán darte a conocer algunas
recetas para subsistir.

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